jueves, 5 de septiembre de 2024

Cartas

A quien le gusta escribir.


Pense en dedicarte algunas lineas, después de todo, sabemos perfectamente que somos dos extraños, no es raro pues, del todo, que no sepamos nada del otro.

Pero creo que te conozco, no desde la cotidianidad que nos brinda la cercanía, pero si desde lo que nuestra genética nos concede, aunque no seré tan estúpido para creer que no lo sientes en tu interior.

Primero supe de tu religiosidad innata, si, se que es trillado debido a que vivimos en un país netamente católico, y que tu madre iba a navegar por esa vereda, sin embargo, la búsqueda de la espiritualidad es algo que en nuestra familia es casi instintiva, quizá sea la respuesta natural al miedo a la soledad.

Después me entere de tu tendencia al estudio metódico, no me extraña, pues tu abuelo igual tenia muy guardado en su interior esa curiosidad innata y la habilidad de aprender cosas, aun siendo mayor, me gustaría algún día platicarte de tu abuelo, se que no lo conociste, y eso es triste de verdad, ya que procedemos de un largo linaje de abandono parental, pero con esto no quiero excusar mis acciones.

Mi padre, tu abuelo cometió muchos errores en su vida, pero también muchos aciertos, el murió cuando tú tenias apenas 6 años en el mundo, conviviste muy poco con él, pero quiero que sepas que aun en el poco tiempo en el que te vio, te amo con todo su corazón, como solo sabia hacerlo.

Tu abuelo tenia apenas 17 años cuando sufrió un accidente casi mortal, que lo inmovilizo por algún tiempo, y aprendió a hablar mejor español, su historia es muy interesante.

Ahora, recientemente me entere de tu pasión por la guitarra, en nuestra familia parece ser recurrente el uso de instrumentos, tanto por parte de la familia Mixe, que en las montañas de Oaxaca retumban sus instrumentos en cada celebración ya sea santificada o no, como también por parte de tu abuela materna, a la que nunca conociste, ella murió cuando yo tenia 13 años, en un accidente automovilístico, marco mi existencia y en cierta forma me hizo lo que soy ahora.

Tu interés por la música debe ser cultivado y eso es lo que instintivamente haces, y lo celebro, nunca esperaste mi guía y eso es una declaración de independencia, por lo que creo que tu madre ha guiado muy bien tus pasos, así como los de tus hermanos, nunca le reclamaría nada a ella, o a la distancia.

Las circunstancias de vida nos hacen dirimir con el tiempo, y de cierta forma observar en la retrospectiva nuestras acciones, se que hubiera sido o no se, aun soy, un padre terrible, replicando quizá los malos ejemplos que viví en mi vida.

Déjame decirte que fue por eso que tome una maestría en terapia infantil, quizá no lo recuerdes, pero tu alguna fuiste parte de nuestros ejercicios de entrenamiento, bueno, tu y tus hermanos, también estaba ahí Fausto e Isabella, en pañales y a lo loco.

Era un tiempo diferente, yo era diferente, quizá más estúpido que ahora, quizá no.

Apocalipsis

Imaginarse trabajar desde casa, es un impedimento, si me lo dices a mi, pero no lo es, si ponemos en contexto el trabajo a realizar y las personas implicadas, hay un cierto placer pusilánime en ir de la cama a la cafetera, de la cama al escritorio, de la cama a la tele, hay una especie de culpa capitalista y católica de lograr hacer que las cosas giren y rueden y uno, solo darse cuenta de que eres parte de la cuenta que gira y ya no se preocupa de sus gastos, de su dinero, de su itinerario, en esa solitaria rutina de ir a cagar y comer, nada más que dormir por el placer de hacerlo, con la sola preocupación de que se vaya la luz, si es que esta nublado, pero recuperarla si esta soleado, gracias a las celdas solares ultramax que compraste hace muchos años, y los cuales aun funcionan como por milagro, gracias al cableado que lograste instalar después de muchas pruebas y errores, y que lograron dar la capacidad para alimentar el refrigerador donde metes tus conservas y la caza de la noche, donde se agolpan los aromas cuando el sistema falla.

El bunker bajo tierra retumbaba cada vez que una bomba caía, el cielo a veces daba muestras de que los drones estaban más palaciegos que de costumbre, cuando se desmoronaba el cielorraso, hace años que no se recibía una emisión de radio que no fuera esa constante notificación de fuera de línea, ya hacen diez años desde la última emisión de radio, de internet, pues, casi lo mismo, de no ser que pudiste habilitar y actualizar tus equipos desde la última vez que el internet era libre, que lo podías tomar, casi casi del aire, ahora, todo esta hiperconectado, las redes eléctricas actuaban como espías silenciosas, demarcando con sus espectros electromagnéticos sus alrededores, los que no querían estar dentro de la grid, tenían que salirse de las grandes ciudades, donde ya todos tenían un chip integrado al cuello, que los hacía parte de este nuevo subsistema de vigilancia y control que tomo los gobiernos de todos los países que formaban parte de los acuerdos de París del 2030, esas fechas eran caóticas, las bolsas mercantiles del mundo entero colapsaron y todo se fue a la mierda muy rápido, algunas comunidades pelearon hasta el cansancio, o hasta que el hambre y la pobreza los redujo, la última plaga de la humanidad estaba en nuestras manos, los teléfonos inteligentes eran nuestros trazadores, y pocos eran los que no sucumbieron ante este nuevo apocalipsis.

Mañanas

Entonces hemos vuelto, de nuevo a la novedad innata de la escritura sin papel, donde las ideas que se vuelven vaporosas, como los tamales, si, los tamales, que se van cocinando a temperaturas muy suaves, que se ven cada vez más apetecibles, pero que a veces nos decepcionan al tratar de entenderlas, como cuando la digestión se vuelve nefasta y es necesaria una dosis de antiacido.

La escritura sin papel, que sea el origen y fin de las pesadillas diurnas, de los silencios incómodos, de las amarguras sin cuartel.

Qué escribir sea el refugio de los desesperados no es poca cosa, de hecho es el paso necesario para la inanición del escriba, el solitario tecleo de su maquina, en medio de un ruido azaroso de los otros por sobrevivir al fraude innato de la existencia, de lo que seriamos en un mundo que no se puede quejar de la existencia humana, que se absorbe y se veta, con el paso prohibitivo del buen o mal gobierno, que así sea entonces, el humo se alza en la olla de tamales mientras mis pasos se alejan venturosos con el atole de guayaba que Doña Martina me ha ofrecido.

Sueño de verano

Un abrazo al cielo, viejito.

Antes que nada, si, te extraño, aunque solo me llamabas para que volviera al buen camino, rectificar mis pasos, a veces, para saber simplemente como estaba. 

Si, extraño esas llamadas.

Anoche me visitaste, es cierto que suelo no recordar mis sueños, quizá por las penurias de mi vida, por las presiones diarias, de lo que tengo y lo que no, o por simplemente pereza mental, borro sistemáticamente cada mañana los recuerdos de algún sueño trasnochado.

Pero ayer fue diferente, sin duda, debo decir que me dejo con un aire de ansiedad que se fue diluyendo con el café matutino, el sueño fue complejo, me dijo, el sueño que, las cosas se iban a poner difíciles de aquí en adelante, tu visita no se si fue para reconfortarme o para recordarme lo breve que es la vida.

Si, ya tiene más de diez años que te fuiste, por allá del dosmildiez, no conociste a Bibi, no supiste que me fui a vivir a Jalisco, que di clases, que incluso, di conferencias en un congreso nacional, supiste que me gustaba dar capacitación, pero no me viste en esa etapa, contratado para tal fin, labor a la que le dedique cinco años de mi vida.

Lo que más anhelo es volver a verte, mi madre silente aun en sueños, solo alcanza a verme de lejos, tal vez ella tampoco esperaba que tu visita a este espacio tiempo fuera tan breve.

La idea


Es curioso como toman forma las ideas, hasta no verlas plasmadas en un lienzo en blanco podemos acceder a su tenebroso territorio, las ideas vuelan en medio de las palmeras, como lo hacían los pájaros en la ventisca veraniega, como sucede cuando en las montañas seducen a sus compañeras en medio de bailes agudos y profundos.

El viaje comienza siempre con la idea girando como guirnalda embravecida, un aro de fuego sonoro, que se manifiesta como un sonido superfluo, la idea surge, se retuerce, toma una forma, luego otra, metamorfosis inmensa, en medio de la corredera de sangre arterial que se agolpa al verla, se sacude el tronco inmenso, la cadera vibra, las piernas sienten un extraño atisbo de idea generada, sabe que tiene que sacudirse la idea, porque la arena movediza que se elevo cuando la idea llego no deja ver bien su estructura, la idea se esconde entre el polvo arenisca canto de pájaro.

La idea aterriza en algún lugar de mi psique, se queda acomodada como el brutal juego de tetris que evoluciona sin derrotero alguno, se acomoda mil veces, se tuerce, pero después, deja de moverse.

Espero que en el futuro, si es que llega con mis palabras, la idea deje ver por lo menos un ápice de su forma, la tierra se asentó, pero no la encuentro, la idea tiene que ser removida cuidadosamente, tratando de conservar todas sus partes intimas, sin que su razón sea revelada, sin que las cosas que nos estorban en los mediodías de occidente nos aceche.

-Buen día! -Si, diga -Tiene servicio? -Si, claro -Quiero saber cuanto cuesta este lente.

La idea desaparece.

En mi memoria ya no es más que un recuerdo vago.

Me preparo para otro día, la idea solo es ahora una sombra vacía, un cuenco donde se acumula más arena movediza, otro día será.

miércoles, 27 de diciembre de 2023

Escribir es una cosa rara

 Escribir es una cosa rara, es un evento que suele acompañar las madrugadas descafeinadas, cuando el acoso laboral te deja en visto, cuando las luciérnagas nadan en los campos floridos.

Escribir es una plaga, te persigue el agobio de no tener suficientes letras para compartir, de no tener suficientes experiencias para dirimir, o simplemente no contar con los pasos que se requieren para hacer por lo menos un texto decente.

Escribir es un alivio, que se lleva entre los dientes las mejores partes de mi persona, que se atreve a horadar mis heridas y muestra con saña los colgajos de mis penas, escribir se convierte, entonces, en la sustancia cicatrizante que escoce mi alma, que se adentra en ella y se sorprende de la oscuridad que reina, escribir es, esa pequeña luz que atisba las tumbas de mis noches grises.

Escribir es una pena, te da vergüenza decir que lo haces, en medio de tus conversaciones cotidianas, cuando discurren las voces de los otros, escribir parece una maldición al que persigue una pobreza extrema, no es raro saber que de escribir poco se vive, es más se muere, un poco, quizá como una respuesta a la pregunta insondable de la vida, ¿para que vivo?

Escribir es un delito, que se paga con la vida, de donde sale la bala que lleva mi nombre escrito, tatuado su casquete de cobre con mis iniciales, con la trayectoria marcada por campos atómicos certeros, el recorrido del proyectil se traza desde la concepción misma de mi existencia, la vida es un camino recorrido.

Escribir es un delirio, que se plasma en las historias vociferantes e iracundas que se mecen en mi cabeza, en las parsimonias del sonido del tecleo, en las rimas de la calle cuando los automotores suenan presurosos, uno tras otro, con la sonrisa de gato que los elige, el maullido de una moto italika que se estaciona frente a mi casa, con la entrega de polvos mágicos que me engullen, los delirios son la causa y no el efecto.

martes, 28 de marzo de 2023

Mixes



Cuando llegamos, una fila de niños perseguían el carro, pensaban que era un político o alguien famoso, cuando abrimos la puerta, nos rodeaban y querían jugar, tocaban nuestras ropas, la tela de las camisas, el pantalón, las maletas, todos querían ayudar a cargarlas.

Nos estacionamos cerca de una cancha de basquetbol, que fungía como sala de audiencias, sala de eventos, sala de usos múltiples, y además sitio de referencia único del pueblo, mi padre avizo a lo lejos a los parientes que aun le quedaban en ese lugar, pregunto  por sus hermanos, sus tíos, sus sobrinos, algún local lo condujo. Pasamos por innumerables casas, en todas nos ofrecieron comida, trago y café, en todas hacíamos las mismas preguntas ¿ustedes son Vásquez? ¿conocen a Polo?.. Nunca contestaban a la primera, lo de siempre fue, les invitamos a nuestra casa, coman y beban, luego pueden seguir, no sin antes, ya tener en la puerta a los siguientes vecinos que estaban iniciando el mismo ritual, creo que fue por ahí de la quinta casa donde nos detuvimos un poco más, quizá porque mi padre ya había encontrado por fin a un familiar, o porque ya cansados no teníamos fuerza para seguir con el festín, ya era noche, y aun nos faltaba caminar un poco más, la casa familiar donde mi padre había nacido y crecido por algunos años, hasta los diez, si es que no me falla la memoria, que fue cuando  en un acto de rebeldía a su estirpe decidió no terminar como sus hermanos, y huyo a la ciudad, comenzando su vagar por el mundo, esa casa, ya no existía, solo encontramos una casa donde un familiar lejano, quizá un sobrino, quizá un tío, no lo sabré nunca, nos ofreció quedarnos.

En unos camastros forrados de tela de sacos de maíz y con unas cobijas de feria donde el aroma de leña inundaba los rincones de esa casa, dormimos por esa noche, estaba oscuro, como oscurece en esas tierras, una oscuridad total a las ocho de la noche, el aullido de perros, o coyotes, o animales de la sierra se escuchaba en las montañas alejadas, un frió que se hacía cada vez más profundo conforme la noche se adentraba en los huesos, mis ropas de niño no soportaron la inclemencia, me fui a refugiar al carro, donde me arrope con todo lo que traíamos en la maleta, mi padre regreso a la casa del tío-sobrino-pariente. 

Pase la noche con un cierto miedo, asomándome a las ventanas del carro, temeroso por la noche y la soledad, pero nada paso, a pesar de ser un niño pequeño, rechoncho, temeroso  y con ese aspecto curioso, un niño muy temprano estaba jugando con los vidrios de la ventana cuando desperté, subido al capo del carro, dibujando lo que parecían caballos y personas, salí con el cuerpo aterido y me dirigí a la casa del tío-sobrino-pariente, mi padre ya estaba tomando un café que a mi parecer ha sido el más delicioso que he tomado hasta la fecha, el frío calaba.

Afuera de la casa se veía una espesa bruma, resplandeciente, con una luz diurna que se esparcía por todos lados, los primeros albores del día, que se asomaban por la montaña, la tierra húmeda y pegajosa, si no te fijabas podías resbalar y acabar en un resumidero, y solo podrías ser rescatado después de varios días, los pequeños acantilados eran comunes en esa parte de la sierra. Veía como los niños pequeños, algunos incluso descalzos, se movían con facilidad, sus habilidades motoras era extraordinarias, quizá por lo agreste de la tierra, por lo difícil del territorio, tenían una fortaleza que a los años comprendo y admiro. 

Mi padre en su infancia era un niño de esos, y trepaba y trabajaba en los cafetales de la zona, cultivaba y sembraba, desde pequeño adosado al rebozo de mi abuela, iban y venían por los desfiladeros, con una gracia y fuerza que se que herede de alguna forma, pero que jamás desarrolle, a mi me toco piso de concreto, como siempre me dijo mi padre, yo ya nací con sabanas de seda. Entiendo a los años ese paralelismo, ya que comparado con las fibras de los camastros, todo parecía más sedoso, menos rustico. 

Comprendí a mi padre y su deseo de fuga, cuando llegamos un día antes fue día de fiesta, y lo que al pequeño niño que era en ese momento me sorprendió sobremanera, fueron los cuerpos tirados a lo largo del recorrido, no eran pocos, no se cuantos eran, no lo pude contar, pero si eran muchos, la mayoría eran campesinos que habían bebido demasiado "Así murieron mis hermanos" -susurro, y entonces lo supe, no quiso morir de ese modo.

Nunca conocí a mis tíos, a mis abuelos por parte de mi lado paterno tampoco, se de alguno que nos paso a visitar, del que se desprenden algunas anécdotas, aunque en mi vaga memoria, no puedo precisar quien era, supe de algún primo que vivía en USA, en especifico en el Bronx, pero no se más de él. 

Al paso de los años, tuvimos en casa a un nieto sobrino, ¿así se le llama?, era el hijo de uno de sus sobrinos, al parecer esas visitas impactaron en la familia de mi padre y algunos parientes querían que se llevaran a sus hijos en el carro, aun recuerdo esa escena, que no fue grata, pero no fue así como conocí a Javier, él llego a ciudad del Carmen, o al menos ahí lo conocí, joven, impetuoso, con esa mirada fiera, que también conocí en la mirada de mi padre cuando se enfadaba, fuerte y orgulloso como todos lo mixes, con la sangre en ebullición, con el coraje de que los hagan menos, conviví con él, pero eramos de entornos diferentes, siempre me ganaba en el basquetbol, no tenía nada que hacer, mis técnicas elaboradas nunca pudieron competir con la puntería que siempre tuvo,  mi padre lo protegió como otro de nosotros y me dieron celos, celos de hijo, que mi padre se fijara en él y lo tuviera a su lado, pero soporte, nos soportamos y toleramos por algún tiempo, pero un día se fue, quizá fui yo, quizá fue mi comportamiento con él, no lo se, pero un día ya no estaba.

Ahora, después de tantos años lo volví a encontrar, por llamadas, por redes sociales, aun lo veo y por lo que me cuenta, tenemos cuentas saldadas, y veo que le ha ido muy bien y eso me da una alegría inmensa, me recuerda esos tiempos, cuando yo era un joven impetuoso también.

Mi padre lo apoyo en su carrera, y estuvo en su graduación, cuando salio de su universidad, eso le recrimine algún día a mi padre, pero fue más por una cuestión de ego, ya que mi padre si fue a mi graduación, aunque ya no a mi titulación, que fue un año después, pero para esas fechas nuestra relación ya había decaído un montón.

Quizá por eso cuando volteo a ver esas tierras, que he visitado poco, pero que recuerdo mucho, siempre es un recuerdo agridulce, fuimos pocas veces, ya que el camino en aquellos tiempos era tortuoso y muy accidentado, aun recuerdo que en algún punto del camino, las lluvias habían excavado una especie de río en medio de la terraceria, donde los surcos profundos casi imposibilitaban seguir nuestro camino, pero empujando el carro y encontrando la manera de apuntalar las llantas, pudimos sortear el obstáculo, aunque claro, con el debido raspón a la carrocería y golpes en nuestra humanidad, hicieron más ameno el viaje.

El agua también es tema de importancia, aunque Javier me ha dicho que ya todo ha cambiado muchísimo desde entonces, tanto en el agua como en la infraestructura carretera.

En aquella ocasión, para tener agua teníamos que caminar algunas horas hasta un nacimiento de agua, que la montaña decidía no fuera cerca de la comunidad, y teníamos que pasar por los acantilados, y la terracería, el caminar comenzaba desde muy temprano, aun oscuro, y caminábamos con ayuda de alguna linterna que uno de mis primos llevaba, los caminos eran pequeñas veredas en las laderas de la montaña, donde el barro humedecido era lo más peligroso, aun más que las culebras que había por montones, aderezando el recorrido mis primos siempre tenían sus muy propias anécdotas de fantasmas y monstruos que nos iban contando para sazonar el viaje, cuando la luz nos permitía ver un poco más, solo podíamos ver a nuestro primo por delante, muchas veces esperándonos, ya que la neblina no nos dejaba avistar mucho, y que bueno, ya que eso ocultaba los precipicios por donde íbamos pasando, y lo pudimos constatar cuando por algún error resbalamos, tanto mis hermanos como yo terminamos en el fondo de un pequeño barranquito, tuvimos suerte, me dijo mi primo, los que han caído por ahí ya no regresan, o al menos no regresan bien, claro por si hacía falta la aclaración.

Nunca más regrese, solo fui un par de ocasiones, pero vi mi rostro y el de mi padre repetido innumerables veces, también vi las historias de mis primos, algunos en efecto como Javier, pudieron salir de ahí, y triunfar en algún campo social, pero otros, segregados o quizá por el azar del destino, con fortunas menos placenteras.

Las fiestas patronales son muy comunes en la zona, ignoro en realidad cuales festejan o cuales no, pero me toco en una visita corta que hice en alguna ocasión con mi padre, una de esas fiestas, donde las bandas, numerosas y muy ruidosas iban de un pueblo a otro, con una algarabía enorme, con bailes, sonrisas, alcohol y cuetes, la fiesta fue intensa, duro varios días, nos quedamos solo uno, pero fue suficiente, con ello comprendí un poco también lo difícil que es escapar de las garras del alcohol para la comunidad, es una cuestión cultural, y también supe que mis tíos pertenecieron en algún momento a esas bandas filarmónicas, la mayoría de viento, grandes trombones, grandes tamboras, mucho ruido, mucha gente. El sistema social también fue algo que me llamo la atención, existía algo que llamaban mayordomo que era como el encargado de la feria, lo recuerdo porque a mi padre le ofrecieron en algún momento la mayordomía de un festejo, creo que declino amablemente, y también el trabajo comunitario, supe que era ley servir al pueblo, sin remuneración, pero con las atenciones propias de que el pueblo ese año daba comida y sustento a los que se ofrecían de manera voluntaria, digamos que ese era el pago. 

Una vida hasta cierto punto sencilla, si me lo preguntan, quizá en mi vejez me vaya a enclaustrar a una de estas comunidades, no me parece mal acabar ahí mis días, en medio de esas nubes hermosas, de ese café delicioso, de ese ruido en medio de la montaña cuando hay festividad, con el aroma de aire puro que solo puedes obtener en esas montañas eternas, donde los ancestros de los mixes huyeron para sobrevivir, montañas a las que se adaptaron sobremanera pero de la que después sus hijos también quisieron huir, sin saber, tal vez, de la riqueza que tenían, la nación de los nunca conquistados, como se les conoce.

Cartas

A quien le gusta escribir. Pense en dedicarte algunas lineas, después de todo, sabemos perfectamente que somos dos extraños, no es raro pues...