Un abrazo al cielo, viejito.
Antes que nada, si, te extraño, aunque solo me llamabas para que volviera al buen camino, rectificar mis pasos, a veces, para saber simplemente como estaba.
Si, extraño esas llamadas.
Anoche me visitaste, es cierto que suelo no recordar mis sueños, quizá por las penurias de mi vida, por las presiones diarias, de lo que tengo y lo que no, o por simplemente pereza mental, borro sistemáticamente cada mañana los recuerdos de algún sueño trasnochado.
Pero ayer fue diferente, sin duda, debo decir que me dejo con un aire de ansiedad que se fue diluyendo con el café matutino, el sueño fue complejo, me dijo, el sueño que, las cosas se iban a poner difíciles de aquí en adelante, tu visita no se si fue para reconfortarme o para recordarme lo breve que es la vida.
Si, ya tiene más de diez años que te fuiste, por allá del dosmildiez, no conociste a Bibi, no supiste que me fui a vivir a Jalisco, que di clases, que incluso, di conferencias en un congreso nacional, supiste que me gustaba dar capacitación, pero no me viste en esa etapa, contratado para tal fin, labor a la que le dedique cinco años de mi vida.
Lo que más anhelo es volver a verte, mi madre silente aun en sueños, solo alcanza a verme de lejos, tal vez ella tampoco esperaba que tu visita a este espacio tiempo fuera tan breve.
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