Existe una creencia teologica que afirma que los colores determinan nuestro estado de animo, los colores pueden definir la cara con la que veremos a los comensales del restaurante, de la que nos defina cuando el payaso del semaforo haga su rutina, de la programación que tengo sin darme cuenta.
Esta corriente filosofica, neosofista, me ha hecho a la tarea de buscar entre los sarracinos y montesinos, algun fundamentos antiguo, algún ancestro bucolico que se haya percatado de nuestra sincera debilidad a marcar nuestras emociones como si fueran colores del arcoiris, como valores cromatoides de una debilidad existencial.
Sere ciego emocional o lisiado visual, mas las creencias que afirman la semiologia de las telarañas cromaticas dispersas en el aire de mediodia, no me placen un apice de ventura.
martes, 1 de mayo de 2012
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