Durante diciembre pululan en la calle, son la epidemia de los villancicos, de las posadas, de las fiestas decembrinas, de las despedidas, de los rencuentros, de los olvidos.
Y es de los olvidos los que mas me pueden, son esos lapsus mentales que recurrentes y extraviados llegan sin aviso, con su eventual parsimonia, con su delicada exeresis de la rutina, con la videncia de su afan disolutorio.
Son los olvidos los que me obligan, los que me buscan y me encuentran, los que en el techo de la casa forman parches indelebles, oscuros marcadores fosforescentes que me impiden volver a verte con la claridad con la que siempre apareces.
viernes, 4 de febrero de 2011
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